En esta entrada me gustaría hablar de un libro que he encontrado muy interesante. Se llama “El budismo coreano: tradición y transformación”, consta de unas 280 páginas, y lo puedes encontrar en por unos quince euros en el FNAC o en la Casa del Libro. Ha sido escrito por Shim Jae-Ryong, profesor del departamento de Filosofía de la Universidad Nacional de Seul, y un experto en filosofía budista y un miembro de la Asociación Coreana de Filósofos.
Después de graduarse, el autor del libro tuvo una breve carrera como reportero en un periódico, que más tarde abandonó para asistir a la Universidad de Hawaii, para continuar sus estudios de Filosofía Occidental. Realizó un doctorado en filosofía sobre el estudio de Chinul en 1979, y volvió a corea para asumir un cargo como profesor en la SNU, en el que permaneció unos 25 años ejerciendo la docencia.
Aparte de por sus numerosas publicaciones, entre las que destacan: La tierra adonde el Buda no puede venir, Sabiduría occidental y Zen y una Historia de la filosfía budista china; también fue conocido por su crítica a la noción del llamado “t’song pulgyo” (Budismo sindrético), ideología que ha llegado a ser considerada como una característica “coreana” del Budismo Coreano.
El texto fue escrito en 1999 y editado en España en el 2005 por la editorial “Verbum” en Madrid, y traducido por Kim Sue-hee, doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid y en Filología por la Universidad de Estudios Extranjeros de Hankuk.
En el libro está dividido en dos partes. En la primera de ellas titulada “Tradición” encontramos los orígenes del buddhismo coreano, las diferentes escuelas que se asentaron en la península, la gran aportación del maestro Chinul como unificador de las escuelas Hwaon y Son y la biografía del maestro. En la segunda partes, titulada “Transformación” nos lleva hasta las corrientes más actuales del buddhismo coreano actual y las transformaciones que ha sufrido para adaptarse a la sociedad moderna coreana, así como un estudio del impacto de las diferentes religiones en el desarrollo económico y la modernidad de la sociedad coreana.
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EL BUDISMO COREANO ANTERIOR A CHINUL
El budismo llegó a Corea a través de China, aproximadamente en el siglo IV, época en la que la península de Corea estaba dividida en tres reinos; Koguryo, Paekche y Silla. Cada uno de los reinos adoptó el budismo en diferentes momentos y de diferente forma. En el año 372 d.C., el reino de Kugoryo invitó a un monje Chino (Zhundhao)a la corte, y así fue como se introdujeron los textos budistas en la zona norte de Corea. A diferencia del reino de Koguryo, que mantuvo contactos con el buddhismo Chino, el reino sureño de Paekche recibió la influencia del buddhismo centroasiático e indio. El buddhismo se introdujo en el reino de Silla, al igual que ocurrió con el reino de Paekche a través de su vecino, Koguryo.
En el caso de los dos primero reinos fue la familia real la que comenzó a aceptar el buddhismo, mientras que en el reino de Silla, la plebe es la que comenzó a aceptar la nueva religión venida de China, siendo reconocido oficialmente por el rey Beopheung en el año 527 d.C, después del martirio de Lee Chadon.
En el año 668 d.C., se produjo la unificación de la península coreana bajo el reino de Silla, que pasó a llamarse “de Silla Unificada” y durante el cual el budismo se vio favorecido, y se desarrolló tanto académicamente como culturalmente. En este periodo se formaron las “Cinco escuelas de los sutras”; la escuela tántrica Mutsong; y las “Escuelas chan de las nueve montañas”.
Es en este periodo cuando quedaron fijadas las dos tendencias principales del budismo coreano: la escuela Hwaon de tradición india, que favorecía los estudios textuales y tendía a elaborar complejas teorías sobre la obtención de la budeidad y la escuela Son (Chan en chino y Zen en japonés), de tradición china, cuyos estudiantes se entregaban a la meditación y rechazaban cualquier análisis de tipo teórico.
Durante la segunda mitad del siglo VII, el buddhismo será elevado al rango de religión de estado.
LA CONTRIBUCIÓN DE CHINUL A LA FUNDAMENTACIÓN FILOSÓFICA DEL BUDDHISMO SON COREANO
La rivalidad entre el Hwaomcoreano y las escuelas Son seguramente fue el único tema de polémica entre los monjes buddhistas coreanos desde el comienzo de la dinastía Koryo hasta el final de la dinastía Choson (1392-1910 d.C.).
“En el siglo XII la tradición budista se dividió en dos campos en Corea: los eruditos del Hwaom, favorables al estudio textual orientado a discutir teorías obstrusas sobre el dharmadhatu sin atender a una práctica directa o personal; mientras que los practicantes del Son se entregaban a la meditación, evitando cualquier análisis sobre los fundamentos de tales prácticas.”
Los estudiantes del Son, leales a los maestros chinos esperaban alcanzar la iluminación “súbita” mediante la práctica meditativa y el método directo del no-pensamiento y del no-cultivo, mientras que los estudiantes Hwaom buscaban la iluminación a través de los textos y de forma gradual.
El maestro Muyom fué el primero en tratar de acercar el Son y el Kyo, pero no fue hasta la llegada de Pojo Chinul cuando se consiguió una síntesis exitosa del Son y del Hwaom como la base para el desarrollo de una forma autóctona del Son coreano, llamado Chogye-jong.
Chinul fue iniciado por un budista Son, y oficialmente pasó el examen como monje Son, pero se apartó de la tradición al descubrir la importancia de la doctrina del Sutra Hua-yen, que se amoldaba a los principios de la escuela Son.
“Mientras defendía el Son como primer requisito para la práctica budista, Chinul consideró la doctrina Hwaom como una base intelectual para la práctica del Son“.
El Son coreano necesitaba una base filosófica propia, por lo que Chinul utilizó la doctrina del Hua-yen como su base filosófica; y, por una parte, redujo la rigurosa distinción del maestro Muyom entre Kyo y Son y enfatizo el dharma en contraste con la trasmisión directa y personal de un maestro.
La tarea del Chinul no fue fácil, debido a la inadecuación intelectual de los practicantes de la meditación del Son y a la inadecuación espiritual de los eruditos del Hwaom. El maestro tuvo que demostrar a los “eruditos del Hwaom que estaban equivocados con las lecturas ortodoxas de sus propios textos fundamentales” y a los del Son que había descubierto el pasaje clave del Sutra Hua-yen que se amoldaba a los principios de su escuela.
Los tres aspectos básicos del Son de Chinul son, en primer lugar el “aspecto metafísico reflejado en su explicación del estado de iluminación y de las corrupciones; en segundo lugar, el aspecto práctico del Son reflejado en su comprensión del despertar, y en último lugar, y el más importante, el segundo aspecto práctico que se encuentra en el procedimiento del cultivo de la mente puede ser visto como el criterio esencial para decidir si el dominio de la teoría del Son de una persona es genuino y si su experiencia de la esencia del Son es auténtica”.
Finalmente debemos destacar que Chinul tuvo una gran influencia en el buddhismo de Asia Oriental, directamente en la península Coreana, e indirectamente en China y en Japón. Algunos escritos de Chinul fueron transmitidos a China, donde fueron incluidos en la colección del Tripitaka budista de la dinastía Ming. Otros tratados relacionados con el Hwaon fueron estudiados con gran interés en Japón.
TRANSFORMACIÓN
En la segunda parte del libro, “Transformación”, nos habla de la respuesta budista a la modernización de la sociedad coreana. Varios procesos han marcado a la sociedad coreana en los últimos cien años; el colapso de la tradición confuciana de Choson, la colonización de Corea por parte del imperialismo japonés y la occidentalización después de la segunda Guerra Mundial. Los actuales movimientos buddhistas sienten la necesidad de modernizar el buddhismo coreano actual, y su relación con la modernización de Corea. Estas corrientes critican a los monjes buddhistas, pues han perdido la capacidad de adaptarse al rápido cambio que exige una sociedad moderna. También critican los rituales budistas, que se han convertido en reliquias del pasado, con monjes que repiten vetustas oraciones sobre la prosperidad nacional, etc. Nos avisan de que la institución budista está en peligro, debido a sus propias luchas internas, y a la administración de los templos y de los pagos cobrados a los visitantes. En cuanto a la iluminación, nadie posee los medios para indagar en su veracidad.
A continuación, Jae-Ryon trata de demostrar que la típica descripción del buddhismo coreano como sincrético es excesivamente vaga, e inadecuada para caracterizar la compleja naturaleza de dicha religión.
Finalmente, el autor nos habla de la utilización de los templos como centros turísticos, la importancia del Hangul, como medio de difusión de los textos buddhistas a las clases menos instruidas y más humildes, a pesar de la fuerte oposición de los neoconfucionistas, y de la actual situación de las religiones en la moderna Corea. En éste último apartado nos demuestra que la modernidad está vinculada al nivel educativo de cada individuo, y que no se puede encontrar ningún paralelismo entre las tradicionales concepciones religiosas coreanas y la modernidad.
CONCLUSIÓN
Como conclusión he de destacar lo completo de la obra, ya que en sus escasas doscientas ochenta páginas podemos encontrar una visión bastante completa tanto de lo que es el buddhismo en la Corea actual y sus corrientes, como lo que fue su introducción y expansión dentro de la península.
En el texto también encontramos aspectos interesantes de la actualidad coreana, como puede ser la utilización de los templos con fines turísticos para su financiación, la situación actual de las religiones en el país, la importancia del buddhismo para la implantación del Hangul, el alfabeto usado por los coreanos para escribir su lengua, así como la comúnmente aceptada idea del sincretismo buddhista coreano, y que según el autor no tiene ningún fundamento.
Como crítica, debo de decir que el texto en algunas ocasiones resulta excesivamente denso, con demasiados datos y transcripciones idiomáticas, sobre todo para los que no tenemos conocimientos profundos en buddhismo, y la estructura del texto, si bien sigue un orden cronológico, no da una idea clara y ordenada de lo que es el buddhismo coreano.
Cuando se termina de leer el libro, se tiene la sensación de que la idea principal es la aportación de Chinul al buddhismo coreano, no que se trate de un texto cuyo principal argumento sea el Buddhismo Coreano. De cualquier forma, creo que la lectura ha sido muy enriquecedora, y da una visión no sólo de Corea, sino de la capacidad de adaptación que tiene la filosofía buddhista a las diferentes culturas y espacios.