NINGLANG (Parte II)
julio 10th, 2008De ordinario, las citas son fijadas por consentimiento entre los dos interesados, pero también existe una manera colectiva de expresar el deseo: un pequeño grupo de chicos encuentra en la calle a un grupo de chicas. A distancia vocean, con la mano derecha colocada junto a la boca para dirigir la voz: «¡A hé hé!..¿dzo dzo a grai?» (¡Oh, oh!, ¿queréis intercambiar?) Y ellas si comparten la intención responden: «¡A hé hé!». Un chico se les acerca, en representación de sus amigos, para proceder al intercambio. El objeto de intercambio es normalmente un cinturón. Las que son reticentes siempre pueden negarse. Provistos del cinturón, cada chico podrá visitar ulteriormente a su propietaria. El hombre siempre visita a la mujer, lo contrario es impensable y pondría en entredicho su reputación y sería mal considerada si lo hiciera (demasiado «ardiente»). Las mujeres más bellas reciben un mayor número de visitas hasta el punto que en varias ocasiones varios jóvenes se encuentran al mismo tiempo en la ventana de la mujer, quién acabará escogiendo al que desea recibir, los otros buscaran otro destino sin mayor problema. Entre ellos los celos no existen debido a la posibilidad de cada uno de encontrar otra pareja. Los celosos son muy mal vistos, son señalados con el dedo y objeto de burla, lo que les calma rápidamente. Numerosas visitas furtivas con los viejos açia y una buena parte de los encuentros galantes entre nuevos partenaire se realizan de improviso. El visitante franquea el muro que rodea la casa, escala hasta la habitación de la mujer y prueba que le abran la puerta susurrando palabras dulces… Como cada casa posee una «perra», es ventajoso hacerse con un hueso de cerdo o de una piña de pino untada en mantequilla con arroz que ocupará al animal durante un buen rato y dejará al visitante entrar en paz en la habitación de la mujer. Cuando el visitante se presenta, la mujer, si está dispuesta, no le acogerá sin antes averiguar su identidad. Si el visitante es inoportuno, la mujer siempre tiene el recurso de ir a dormir con su madre en la casa principal: una manera elegante de manifestar su rechazo.
En el marco de la visita de improvisto, cuando el hombre viene directamente a golpear la puerta de entrada sin una señal específica, existe un consenso sutil: si hay mujeres susceptibles de recibir visitas, cada día a la caída del sol, los hombres presentes en la casa no abrirán la puerta de entrada; sólo si la persona que golpea la puerta llama por su nombre a un miembro de la casa. En ciertas matrilíneas, donde dos o más mujeres reciben visitas respectivamente, por ejemplo madre e hija, a menudo es una de las hijas la que se encarga de abrir; si son hermanas, cualquiera de las dos puede abrir la puerta. Durante el encuentro galante, a los dos açia les está prohibido hablar fuerte. Solo murmuran a fin de no ser oídos por los consanguíneos de la mujer, sobretodo aquellos de sexo opuesto (los tíos y los tíos abuelo) que duermen bajo el mismo techo. Durante el día todo encuentro en la casa está prohibido. Si la prohibición del incesto, sumamente desarrollada, restringe ampliamente los comportamientos entre consanguíneos, la libertad sexual entre no consanguíneos es total, permitiendo comportamientos intrépidos (también practican la hospitalidad sexual).
Otra manera de visitar sin cita previa consiste, para el joven, en deslizarse en medio de la noche a la habitación de la mujer mientras duerme. En este caso, el visitante está casi seguro de ser bien recibido. En general, solamente los jóvenes traviesos practican este tipo de visitas, utilizando todo su talento de persuasión para hacerse aceptar. Un joven cuya cita haya sido rechazada puede tentar así a la suerte. Una vez el visitante ha conseguido llegar al borde de la cama, la joven ya no puede pedir auxilio a causa del tabú. Pero sea cual sea la forma empleada, el éxito del visitante furtivo sin cita previa depende igualmente de la voluntad y del deseo de la mujer. Nadie la puede forzar. La segunda modalidad, institucionalizada, tradicional de vida sexual es gepié sésé. Gepié significa «vomitar» en sentido literal, designa «sacar todo lo guardado en el vientre (o en el corazón) o dejarse todo abierto. En tanto que adverbio, gepié significa «ostensiblemente» o «abiertamente» en sentido figurado. Sésé, «ir» en sentido literal y «visitar» en sentido figurado. La expresión designa la visita que un hombre rinde ostensiblemente a una mujer sin la necesidad de ocultarse de los miembros de su línea sucesoria.
Todos los que practican la visita ostensible empezaron por la visita furtiva. Después de pasar un cierto número de noches juntos, de hurtadillas, a medida que los sentimientos que experimentan se hacen más profundos, los dos amantes intercambian los cinturones simbolizando así sus sentimientos y su amor. Por regla general, una vez los dos amantes están de acuerdo en modificar la relación, la mujer irá a hablar con su madre para acordar el día en que el hombre podrá ser «recibido» en la casa. Alrededor del 40% de los hombres han entrado en relación abierta de esta manera. La jefa femenina de la matrilínea organizará una comida, a la que asistirá el hombre para conocerlas. En el mayor secreto, el hombre llega solo, aunque casi siempre se hace acompañar de un moio (intermediario) masculino conocedor de la línea de la mujer y capaz de conversar.
El encuentro se realiza tradicionalmente en la sala principal, alrededor de las 11 de la noche, cuando los miembros masculinos de la línea de la mujer han salido de la casa o se han acostado. Entrando en la sala, el hombre aporta obsequios según sus posibilidades, en general algunas libras de té, azúcar de caña, o de alcohol, entregando los regalos a la jefa femenina de la casta. Con alcohol se procede a una ofrenda ritual a los ancestros. Después se sirve el festín al hombre y su acompañante, y la jefa del clan le entregará los obsequios de su amante. Este intercambio de regalos se presenta como una obligación, la persona que no lo cumple corre el riesgo de ser abandonada. A partir del encuentro con la jefa femenina, el hombre tendrá tendencia a llegar un poco más pronto y sus visitas nocturnas serán algo menos discretas. De vez en cuando, después de la cena de las 9, irá a discutir con los miembros femeninos de la línea. Cuando los miembros masculinos están presentes, guardará silencio, ya que en la concepción na él tiene un estatuto inferior incluso al de un niño. Por la mañana volverá a su casa algo más tarde. La práctica de la visita ostensible observa entre los amantes el «privilegio sexual». El reconocimiento del privilegio sexual constituye una protección social del privilegio, pero solamente una protección en principio. Este deber reconocido a la convivencia, por unos y por otros, no quiere decir que el açia ya no se practique: si un hombre llega a casa de una mujer con la que convive en visita ostensible y ella está con otro hombre, éste, simplemente debe irse para evitar el conflicto.










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