NINGLANG (Parte III)
agosto 19th, 2008A la práctica de este tipo de amor furtivo se le denomina na min kru que significa «robar el sexo» (no supone una expresión peyorativa). Cuando un hombre es sorprendido «robando sexo» por el amante ostensible de la mujer, corre el riesgo de ser golpeado. Por lo tanto, es del todo admitido que cada vez que un hombre abandona el pueblo por varios días, seguramente durante la segunda noche o quizás algo más tarde, su amante reciba visitantes furtivos sin dificultad. La existencia de una relación abierta (ostensible) sólo depende del amor que vincula a los dos amantes y de su libre albedrío, y no representa una forma de monoandria, socialmente ratificada aprobando tácitamente la visita furtiva junto a la relación abierta. La libertad sexual para los na es un principio sagrado e intangible. La tercera modalidad tradicional de la vida sexual es ti dzï jï mao the. Literalmente ti dzï significa «sentarse», en sentido figurado «habitar», «instalarse»; jï mao the «no haber bebido alcohol» (en relación al festín) para distinguir esta modalidad de aquellas en que se organiza un banquete. La modalidad de cohabitación, comportamiento ilícito en principio sólo es aceptada por la necesidad de perpetuar una masada. En el modo de convivencia los amantes no sólo pasan las noches juntos sino los días también realizando actividades en común: trabajan y comparten el fruto de sus esfuerzos, viven juntos.
Existen tres tipos de convivencia: uxorilocal, virilocal y neolocal. La mayoría de las uxorilocales aparecen en la línea donde falta la mano de obra masculina. La convivencia tiene como objetivo asegurar la subsistencia de la masada. Cuando en una línea faltan mujeres (para hacer niños) se recurre a la cohabitación virilocal. El clan que está falto de miembros será el que irá en su busca. El miembro que parte a cohabitar debe estar seguro de que su grupo está de acuerdo. Los que vienen a cohabitar conservan su cualidad consanguínea y observan el «privilegio sexual». La neolocalidad se inicia por una convivencia de tipo virilocal. Hombres enriquecidos por el cargo que desempeñan en la administración del zhifu o por el comercio, inducen a su partenaire a convivir con ellos en su casa. Esta convivencia provoca conflictos entre las madres y las hermanas, de un lado, y la amante del otro. Frente a esta situación existen dos soluciones según el caso: o los que conviven son obligados a construir una nueva casa de nacimiento, o bien la línea del hombre se escinde y se divide en dos o más casas. En los na la mujer toma las decisiones importantes, administra y dirige la familia, y tiene fama de razonable. En esta sociedad, la organización elemental de parentesco es matrilineal.
La consanguinidad na constituye un hecho social que se diferencia integralmente de la consanguinidad biológica. La línea materna es la organización elemental de parentesco, cada línea está provista de un nombre que poseen todos sus miembros y que se transmite por línea materna en concordancia con la regla de transmisión de consanguinidad. En el seno de una misma sucesión, los bienes son comunes. La casa, las tierras pertenecen a la misma descendencia, pero los bienes no pertenecen a una persona en concreto. Propiamente hablando, no existen los bienes individuales. El patrimonio se transfiere colectivamente, la herencia se efectúa naturalmente y sin formalidades. Los padres no pertenecen a la familia, son extranjeros y habitan en otro pueblo. El padre no tiene ningún derecho ni ningún poder, cuando hay alguna decisión que tomar es la familia de la madre la que decidirá. En la concepción na el padre y el niño no tienen la misma sangre, es la madre la que transmite el nombre. Piensan que el futuro hijo esta originalmente en el vientre de la madre mientras el hombre se limita a regarla.
Cada individuo está determinado exclusivamente por los lazos con su madre. Los hijos vivirán en casa de la madre hasta su muerte. Un individuo es consanguíneo de otros consanguíneos de su madre. Esta regla de consanguinidad exclusivamente matrilineal será el primer parámetro en materia de identificación social. Si bien la institución de la visita implica una reciprocidad generosa y generalizada entre líneas no consanguíneas guiadas por el azar y la espontaneidad. Se trata pues de una matrilinealidad pura y absoluta, donde son ellas quienes transmiten los nombres y las tierras y escogen también a su enamorado. Este concepto de pura matrilinealidad es primordial en la lógica de la representación del cuerpo, el sexo femenino está por delante del sexo masculino. En el seno matrilineal na los hombres nacen de la mujer, jamás a la inversa. Entre los miembros de una misma línea de descendencia existe un segundo lazo, además del lazo de consanguinidad, el de la economía: trabajan juntos, viven permanentemente en el mismo hogar, comparten el mismo plato y el mismo fuego. Todos sus miembros gozan de derechos y deberes mutuos: la última generación se ocupa de la generación siguiente y ésta tomará a su cargo la de sus ancianos. Además de estas relaciones económicas y del intercambio de las visitas, la reciprocidad se manifiesta principalmente sobre otros aspectos de la aldea en la base del don y del intercambio. Durante la construcción de la casa, en el alumbramiento, durante los funerales, etc., los aldeanos aportan dones a la masada en cuestión. Durante los trabajos estacionales del campo, si una línea no consigue acabar los trabajos a tiempo, es ayudada por sus vecinos. La casta está dotada de dos jefes: uno masculino y otro femenino. La tradición quiere que la dirección, el mando de la descendencia, corra a cargo de los primogénitos (hijo e hija primogénitos) de cada generación. El reparto de poderes más representativo es aquel en que el tío materno (jefe masculino) se ocupa de los asuntos exteriores y la madre (jefe femenino) de los asuntos interiores. En una sociedad sin padre ni marido el tío materno ocupa el sitio del padre respecto a los hijos, es el primero a la hora de costear los gastos materiales, les compra ropa y paga los gastos de educación, etc. El tío da su amor a los hijos de su hermana. Cuando un hombre «hace» un hijo, hace un regalo a la familia de la madre, un gesto de generosidad en la que su familia no está concernida. El hecho de tener hijos no cuenta para un hombre, lo importante para él es que su hermana tenga hijos. En la sociedad na el hermano y la hermana comparten su vida exactamente como marido y mujer en la sociedad occidental, solamente hay una cosa que no comparten: la cama.
Visto en: monografias.com










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